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¡Oh
Jesús Nazareno, que sostienes
con el dedo la máquina del mundo,
y no pudiste aguantar el peso de la
cruz que representaba mis culpas! ¡Oh
quién nunca te hubiera ofendido!
Pero ya que la culpa es mia; razón
es que lleve parte de la pena, y que
cargue sobre mí la cruz que tengo
merecida, aunque sucumba en la demanda.
Yo, Jesús Nazareno, me ofrezco
a llevarla como Tú llevaste la
tuya. |